Mi reino por unas cañas con vosotras en el kiosko.

Hay tantas cosas que quiero compartir con vosotras que a veces me saturo. Me pongo frente al editor y no sé por dónde empezar. En estos últimos días me ha pasado varias veces que he tenido que abortar misión porque me frustro. Así que no voy a intentar ordenar mucho las ideas, sino que las voy a dejar salir, así como vengan y ya otro día con más ganas y fuerza le daré alguna que otra vuelta.

Quiero hablaros de sexo, porno, deseos y complejos ¿Ahora entendéis mejor mi patata mental? Como sabéis, el “poliamor” está rondando nuestras cabezas y cuerpecitos desde hace varios meses. Os comenté también ayer que hablando con Eco me había dado cuenta de que tenía que empezar a ver el asunto desde otra perspectiva más autónoma. Y desde esta nueva perspectiva ya no tengo excusas que ponerme. No voy a ponerme a trabajar en una supuesta relación abierta, en cómo haré esto o lo otro o cómo me voy a sentir o cómo vamos a gestionar tales emociones. NO TIENE SENTIDO. No es el momento de eso aún. Lo que tengo que trabajarme desde ya porque es lo que me pide el cuerpo es el tema del deseo. Sentir deseo y sentirme deseable (no sólo en sentido sexual, sino también en un primer momento de deseo de conocer personicas) es una especie de cualidad que se me va pudriendo cuando estoy en una relación monógama muy prolongada en el tiempo. Me pasó en mi anterior relación y esta cualidad resurgió cual Ave Fénix casi inmediatamente después de la ruptura. Mis deseos hacia otros cuerpos volvieron para brindarme lo que yo en su momento identifiqué como una segunda adolescencia, pero que ahora sospecho que en realidad era algo bastante parecido al poliamor. La ausencia de un único ser en el que concentrar tu afectividad, tu sexualidad, tu intimidad y a saber cuántas cosas más lo que conseguía era que en vez reprimir o adormecer estas necesidades, las tuviera a flor de piel, como rebosando mis poros. Tocar, besar, abrazar, morder a todo el mundo era lo que quería. Y fue lo que hice, durante un tiempo.

Al principio de mi relación con Javi yo no quería una relación monógama con él. No me lo planteaba en estos términos, pero recuerdo cómo me sentía y estaba muy augusto con la posibilidad de conocer gente nueva, con mi deseo de ligar, etc. Porque además ligaba bastante y esto da subidón, ya sabéis. La cosa es que un poco por complacerle a él, un poco porque operaba en mí aún esa idea tan rancia de que si alguien te quiere sólo para él/ella tienes que sentirte halagada, me fui centrando sólo en Javi como persona en la que concentrar todos esas necesidades que he nombrado antes. Y sí, claro, mucho sexo, muchas risas, muchas emociones concentradas que parece que vas a estallar en cualquier momento de placer/amor/felicidad, pero no estallas, sino más bien al revés, con el tiempo te apagas. ¿Porqué te apagas? Porque el amor, los afectos y to eso, no son unidades que tienes que ir despedazando para ir repartiendo a la gente hasta que se quedan en ná. Son algo que crece, como plantas, como rizomas dice Brigitte. Así, que supongo que cuánto más rico y variado sea el campo, pues mejor. Es como si pensáramos que porque  triplecacahuete se toste cada verano hasta el peligro de cáncer de piel, las demás nos vamos a quedar sin sol pa ponernos morenas (aunque viendo a Ceciplus en agosto cualquiera sospecharía), jijijijiji.

Buah, chicas, qué chapa os estoy dando… No hace falta leerlo del tirón eh? podéis separarlo por capítulos.

Entonces, objetivo número uno: volver al mercado sexoafectivo. Tela. Y aquí entronco un poco con el tema del porno y de los complejos. Últimamente sólo veo porno entre tías. No os voy a contar de momento porqué empezó la cosa porque me muero de vergüenza, pero dadme un par de comments y saldrá, saldrá. Y, a parte de darme cuenta de lo fácil que es ampliar tu abanico de deseos (desde que veo porno bollo me gustan mucho más los cuerpos  “femeninos”, en un sentido muy amplio e inclusivo del término femenino), me he dado cuenta de una cosa que tenía tan normalizada que casi no había pensando en ello. Cuando me corro viendo porno hetero después me duele un poco la barriga y se me queda en el cuerpo una sensación desagradable. Me ha pasado siempre pero nunca me he parado a pensar en ello en profundidad. Ahora que veo porno bollo eso ya no me pasa. Supongo que en el porno hetero hay tantas cosas que en realidad me resultan desagradables que aunque consiga correrme porque mis deseos han sido enfocados hacia ciertos cuerpos y prácticas, mi cuerpo se resiste de cierta manera, sintiéndose un poco enfermo. Así que nada, comparto esta idea a ver si os ha pasado algo parecido.

Objetivo número dos: ver postporno para ampliar a tope mis deseos y apetencias. Y follar con tías, of course.

Y bueno, para acabar y joder un poco el espíritu chachipiruli de mi post: los complejos. Porque los objetivos uno y dos me parecen inalcanzables si no lidio con esto un poco primero. Complejo (del latín complectere: abrazar, abarcar) dícese… que nooooo, que es broma. Aunque en realidad me parece una palabra super bonita y con mucha carga, pero eso ya lo analizamos en otro post (dentro de 20 años). Tengo muchos complejos, yo en mí misma soy un complejo andante que se niega a sí misma que lo es. Me lo niego, porque me da mucha rabia, me jode profundamente que el mundo me pueda. Quisiera reírme en su puta cara, subirme a un escenario en ropa interior y hacer templar el heteropatriarcado (Love Beth Ditto,) con mis carnes. Quisiera no sólo dejar de depilarme (como ya he hecho) sino verme realmente bella y orgullosa de mis pelambreras. Quisiera no sólo dejar de usar sujetador (que también lo he hecho) sino mirarme al espejo y no sentir que esto tendría que ir más arriba, esto más adentro y aquello de allá desaparecer directamente. Y quisiera, dando un paso más allá, no necesitar sentirme bella. Quiero decir, ¿es más útil ampliar los estándares de belleza o directamente cargarnos ese concepto? Yo quisiera no querer ser bella. Quisiera querer ser otras cosas, más útiles, más enriquecedoras. Pero ¿Bella? No sé… En cualquier caso los complejos no son sólo referentes a lo físico, a lo gordo, a lo feo, a lo poco femenino, a lo pobre, sino que también me siento muy tonta, aburrida, poco creativa, poco cool, poco en general. Y estos sentimientos van en aumento paralelamente al proceso de emparejamiento, de adormecimiento de lo sexual, de lo emocional, de la vida, tías, de la vida.

Peeeeero (y aquí viene mi abrazo final) en realidad, todos estos complejos que no sé exactamente cómo se han configurado en mi cabeza ni cómo desactivarlos, los siento mucho más livianos desde que tenemos este espacio, desde que nos hablamos con to el corazón y to el amor. Así que algo estaremos haciendo bien. Siento una especie de orgullo que nunca había sentido. Tengo estos complejos, pero ellos a la vez me hacen identificarme con cosas, con gente, con ideas que me gustan, que me interesan y que me dan mucha vida. Puede que ese sea el inicio de darle la vuelta a la tortilla. Y… c’est fini! (Aplausos)

8 comentarios en “Mi reino por unas cañas con vosotras en el kiosko.

  1. Uff, cada vez que te leo se me ocurren cien mil cosas que decir, algunas son porque me siento muy reflejada en las cosas que cuentas, otras que en realidad son las ganas de darte un achuchón gigante, otras ideas que vienen cargadas de amor…

    Pero antes de desbarrar…

  2. Hala, y ahora que ya he posteado el PAR de comentarios para sonsacarte la info morbosa, al lío.

    Polyamor y soledad son, para mí actualmente, dos ideas inseparables, el descubrimiento de mi propia autonomía (que me está cosatando, pero, coño, qué guay es) está en constante diálogo con mis relaciones afectivas y sexo-afectivas, y en ambas tengo experiencias buenas y malas que fomentar y pulir, respectivamente.
    Y, claro, como tú dices, hablar de relacionarse pasa necesariamente por repensarse a una misma, por saber qué quiero, qué necesito, qué me hace feliz. Esto en realidad sucede con relaciones a cualquier nivel, pero cuando hablamos de relaciones sexo-afectivas y, encima, poliamorosas con toda la carga política que lleva, parece que las línas del mapa emocional se delinean más fuertemente.

    Nuestros complejos son la mierda, son la barrera que nos impide vernos con toda nuestra guayedad (de guay, ya sabéis) y mostrarnos auténticamente al resto. Estaría genial que pudiésemos prestarnos los ojos las unas a las otras para que nos viésemos tal y como nos ven nuestras mejores amigas, sería una terapia de shock súperbonica donde redescubrirnos. Pero bueno, como el rollo protésico, por muy queer que sea, no pasa de ponernos un arnés o un bigote y, por el momento, el rollo macábro de los globos oculares no va a suceder, no toca hacer un trabajo más largo, pero igualmente gratificante: currárnoslo como sepamos.

    Es difícil relacionarnos con nuestro propio cuerpo… Muy difícil. Aunque a mi modo de ver esta dificultad no es sino otro de los brazos de nuestra ausente educación emocinal y poco autocuidado, aunque a veces se nos muestre como la más evidente.
    Cuento un poco mi experiencia para ser más explicativa. En todos los años de terapia, Noelia nunca me ha expuesto a situaciones típicas en los tratamientos con TDA como ponerme en bragas frente al espejo o analizar mi cuerpo por partes, algo que le agradezco un montón y, aunque en algún momento podáis pensar que tal vez ella pensase que no me hacía falta, lo cierto es que yo he pasado varios años de mi vida sin mirarme al espejo, sin mirarme de verdad. De hecho, en noviembre del pasado año decidí hacerlo, mirarme, y descubrí un cuerpo abandonado, que no reconocía, que no sabía cómo era y fue muy decepcionante. Sin embargo, a pesar de eso, con ella hemos trabajado todo lo que hay ANTES de mirarse al espejo, todos los miedos, todas las barreras, todos los peros que nos ponemos para no querernos, escucharnos y aceptarnos.
    Después de ese trabajo que ha sido de años, he podido, no sólo mirarme, sino también descubrir que era lo que necesitaba para sentime bien conmigo y, además de cafés con leche, abrazos, charlas, más abrazos y lecturas, descubrí que también necesito estirar un poco todos los días, llevar un peinado con el que me guste verme (y cuyas críticas me la refanfinflan) y usar una crema que huela bien y darme unos buenos masajes mientras me la pongo.

    Durante un tiempo he estado jodida porque me sentía superficial, porque cada vez que se habla de cuidar el cuerpo suena a jodido anuncio de pantene, pero, coño, que el puto capitalismo se haya adueñado del cuidado convirtiendolo en una idea de belleza anoréxica, estática e irreal no significa que el único camino que nos quede en la divergencia sea el abandono del mismo. Creo que lo comentaba en otro post anterior cuando decía que el cuidado del cuerpo es tomarse un zumico al sol.

    Hablabas de la idea de belleza, ¿ser bella? ¿Qué es ser bella? Pues ni puta idea, babe, pero si sé que desde que utilizo parte de mi día a darme unas buenas duchas de agua caliente con geles que huelen bien, a nadar, correr o andar un ratillo con mi música a tope y, por supuesto, a sentarme a escribir con vosotras y a tumbarme un ratito cada día a explorarme tranquilamente por dentro, me siento mucho más ligera, los complejos disminuyen y voy sembrando creencias positivas como “me lo merezco” o “hago la cosas bien”.

    Es que creo que has dado en el clavo al vincular con la cuestión del deseo. El deseo hacia otrx, el sentirse también deseable, pero también el desearse a sí misma. El erotismo con una, no sólo como erotismo sexual sino extendido a nuestros placeres. Todas nosotras somos bastante hedonistas y en general nos cuesta muy poco acceder a pasar ratos de estar agustico, el descubrir esos momentos con nosotras mismas y disfrutarlos tanto como en compañía es una aventura muy recomendable y, sobre todo, muy a mano: en cualquier momento y en cualquier lugar una puede buscarse un ratico para ella.

    Y quería también comentar el tema del porno, pero creo que me estoy pasando… 😛

    • Siiigue, siiigue! Pooorno, pooorno! jejeje. Sí a todo, Isis. Yo también tengo un poco esa movida. Las épocas en que me cuido más, como mejor, estoy más activa, etc. me siento mucho mejor y no sé en qué medida esa sensación se relaciona con mis propios prejuicios estéticos o es simplemente como tu dices un bienestar x el autocuidado del cuerpo. Supongo que hay de las dos cosas. La verdad es que sí molaría mil que nos pudiéramos intercambiar ojos… veríais lo sexys y geniales que yo os veo!! ❤

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